El Camino Rojo es una tradición que se compartió en América desde Alaska hasta la Patagonia y que era mucho más antigua que las culturas prehispánicas más renombradas, pues les dio una semilla con la que germinó cada una de ellas.

Las ceremonias de la Danza del Sol son parte de lo que sobrevive de esta tradición de origen. La Danza del Sol “actual” debe de tener cerca de tres mil años de edad y representa y muestra lo que era el chamanismo antiguo, en donde todavía no había dioses y toda una complejidad religiosa y viene casi de la misma época del inicio de la agricultura. Son parte de algo que se le llama el “Camino Rojo” dentro de los indios norteamericanos.

Quienes practican esta tradición dicen que “el Camino Rojo se ha sobrevivido tanto tiempo porque si bien puedes matar al hombre no puedes matar su palabra. Es un modo de vida en donde se busca relacionarse con el Águila (o Gran Espíritu –Wakan Tanka), el espíritu creador que nos dio vida; al Padre Cielo y a la Madre Tierra; a los Abuelos (los espíritus de los que han muerto y que son líderes espirituales); los Ancestros (los que han muerto y nos antecedieron y que nos guían, los hombres sagrados); y con los seres de la naturaleza”.

Aquí el chamán, o mejor dicho hombre medicina guía, sana y defiende a los suyos con su sangre protegiendo la verdad, la justicia y el bien común. Es buscar ser parte del Todo, ninguna criatura es superior o inferior, todas son necesarias para el Gran Círculo. El Camino Rojo es la herencia de sangre del indígena. La sangre es lo que representa al espíritu en el cuerpo.

El Camino Rojo no es luchar por el hombre o volverse todopoderoso, sino luchar contra las fuerzas que alteran el orden y buscar un balance.
¿Cómo puede ser el hombre mejor que los animales? Lo único que podemos enseñarles es a amar, pero ellos nos lo pueden enseñar todo. Ellos son puros y sin faltas. Nosotros no. ¿Qué cosa esta más cerca del Creador que alguien sin faltas? Lo que tenemos es por el Creador y lo único que podemos ofrecerle realmente que nos pertenece es a nosotros mismos, sin embargo también recordemos que nuestro cuerpo nos lo da para cierto tiempo.

También tenemos a la Abuela Luna, lo femenino. Al Abuelo Sol, lo masculino. A las cuatro razas: la roja, la blanca, la negra y la amarilla. Todos somos uno. Ni una mayor ni otra menor. Y cuando se danza aparecen los Guerreros y los espíritus que representan las Cuatro Razas. No hay nombres. No hay alguien más alto. Solo hay espíritus con más experiencia y sabiduría.

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