Llevar una vida activa además de tener una vida mentalmente activa es importante para ayudar a proteger la memoria del deterioro cognitivo, que se puede dar tanto en personas sanas como en personas enfermas.
Enfermos con Esclerosis Múltiple (enfermedad del sistema nervioso central que afecta al cerebro y la médula espinal) con una actividad mentalmente activa consiguen retrasar la pérdida de la memoria. Diversas asociaciones españolas se han preocupado por el desarrollo de talleres que ayudan a preservar la memoria.
El objetivo de estas asociaciones es ayudar al mantenimiento de las capacidades mentales con el fin de contribuir a una calidad de vida óptima en medio de las circunstancias que se presentan.
La prueba
El Centro de Investigación de la Fundación Kessler, en New Jersey (EEUU), realizo pruebas con un grupo de 44 personas afectadas por la Esclerosis Múltiple desde hace 11 años, con un promedio de edad de 45 años. La prueba consistía en medir el enriquecimiento verbal a través de lectura y educación, como también se evaluó la atrofia cerebral realizando pruebas de imagen con Resonancia Magnética.
El resultado obtenido demostró que llevar un estilo de vida activa mentalmente influye de forma favorable a tener un buen nivel de aprendizaje y de memoria. A los participantes se les realizaron pruebas que consistían en memorizar una lista de 10 palabras que se repetían cada 15 veces y tenían que recordarlas a los 30 minutos. Personas sanas y personas enfermas con vida mentalmente activa consiguieron el mismo resultado. En las personas con poca vida mental activa el aprendizaje fue bajo, directamente proporcional a sus capacidades.
El estudio concluye que tener una vida mentalmente activa es una práctica y una forma de ejercitar la memoria y el aprendizaje que podría contribuir a reducir notablemente los efectos causados en las personas con Esclerosis Múltiples.
A lo largo de la vida
El estudio también resalta y concluye que quienes podrían tolerar más el deterioro cognitivo serían aquellas personas con un nivel de estudios alto, un nivel intelectual alto o aun así personas que se ejerciten mucho más con la lectura. Solo esto sería lo que influiría para que el deterioro fuera mínimo. Cuanto mejor entrenamiento se tenga, en mejores condiciones se encontrará el cerebro y serán mayores el número de conexiones neurales e intelectuales que se desarrollan a lo largo de la vida.
Resulta conveniente desarrollar hábitos con estilos de vida tales como lectura, resolución de problemas o actividades sociales creativas que influyen para tener una actividad mental positiva, esperanzadora, para protegerse de los riesgos a esta enfermedad.